“La extensión de la radio privada, el uso del satélite en la distribución musical fueron los factores principales que contribuyeron a la generalización del formato musical en Europa a comienzos de la década de los 80, fenómeno que rejuveneció la radiodifusión europea. La nueva sintonía se generó sobre el formato CHR en los mercados de España, Italia y Francia. En este sentido, la radio española, debido a la existencia de una estructura mixta de radio privada y radio pública, fue pionera en establecer en 1978 el primer CHR en cadena, los 40 Principales, a cargo de la cadena SER. La iniciativa fue seguida, una vez autorizada la radiodifusión privada local, por Rete 105 en Italia, en 1980 y NRJ en Francia un año después. El formato musical adquirió dimensión nacional en Francia a mediados de los años 80, tras la autorización de la emisión radiofónica vía satélite en 1986; en Italia, tras la aprobación en 1990 de la Mamí Legge, ley que autorizó la creación de catorce cadenas de radio nacionales, y en Gran Bretaña en 1991, tras el permiso pertinente de la Radio Authority para crear Classic FM y Virgin Radio.”
(Elsa Moreno Moreno in Martinez Costa e Moreno Moreno, 2004: 123)
A chegada dos formatos à Europa
Mais oferta não é sinónimo de mais qualidade
(uma citação que poderá ser útil na aplicação das conclusões, quando se perspectivar a existencia de varias radios oferecendo globalmente o mesmo produto)
“El aumento en el número de emisoras y la diversificación de la televisión incentiva
la competencia lo que puede redundar en mejores productos radiofónicos. Pero, indudablemente, también existe el riesgo de que las empresas de radio opten por la solución aparentemente más sencilla: ofrecer lo menos costoso, los contenidos más ligeros e insustanciales, bajo fórmulas sensacionalistas en vez de aquellos otros verdaderamente importantes analizados desde la mesura y el rigor que el público debiera reclamar pero que no siempre parece exigir. Un sistema excesivamente competitivo no favorece, en principio, ofertas culturales de calidad (…)
Sucede así que, paradójicamente, cuanto mayor es el número de emisoras de radio, lás se homogeneiza la programación de las mismas. No parece haber ni tiempo ni medios para innovar, experimentando nuevos productos y distintos estilos. Exite una peligrosa tendencia a imitar - sin apenas modificaciones- los programas de éxito porque ello redunda en un beneficio a corto plazo. Lo que es menos probable es que la estandarización no dañe a largo plazo el prestigio de la radiodifusión en su conjunto”.
(Merayo, 1990: 325)
